El caballo
y el pavorreal
En la granja de “Don Concho”,
vivía un caballo quien tenía por vecino de establo a un pavorreal, quien bien
sabido por todos era un presumido, y todo el mundo tenía algo que envidiarle,
el pato quería sus plumas, el burro, su inteligencia, el puerco, su cuerpo fino
y las vacas su cuello, solo el caballo se sentía feliz consigo mismo y era
bastante seguro.
Cierto día por el festival
de la primavera se organizó una fiesta a la que todos los animales estuvieron
invitados y como siempre el pavorreal tenía que destacar, escogió ponerse sus
mejores ropas, todo bien ataviado se dispuso a salir al baile, donde muchas
gallinas, varias pavas y uno que otro guajolote lo esperaban ansiosos para
bailar. En la fiesta se encontraba entre el puerco, el burro y unos patos
nuestro amigo el caballo, el pavorreal para hacerse el interesante, decidió
retar al caballo a un duelo de baile, este un poco apenado por no saber cómo bailar
no aceptó tan rápido, finalmente se decidió y ambos animales se encontraban en
la pista.
Ambos comenzaron a bailar,
pero todo el mundo, ciertamente daba más preferencia al pavorreal que al caballo,
así que comenzaron a abuchear y eso puso algo nervioso a nuestro amigo, de
pronto, el caballo al dar un mal paso piso el plumaje del pavo quien estaba
dando vueltas en el piso y de un solo tajo y sin querer, le arrancó la cola,
todos quedaron anonadados al ver que detrás de toda aquella belleza el pavo era
un indefenso pájaro, que desnudo no se sentía seguro, y así fue como
concluyeron que alguien seguro de sí mismo, nunca duda en dar un paso, aunque
pueda llegarse a equivocar, todo lo hará bien siempre.
Equipo:
Isabel
Suárez
Patricia
López
Jesus Emmanuel Garcia Martínez
La
jirafa y el Ratón
Comía y comía la jirafa con su
inigualable altura, y a lo lejos un ratoncito hambriento que veía como se
saboreaba la jirafa esas verdes, grandes y ricas hojas. El ratoncito pedía a
gritos que le diese un pedazo de aquellas jugosas hojas verdes, a lo cual la
jirafa respondió: –Si tú quieres comer, tendrás que crecer (haciendo un gesto
burlesco la jirafa), porque sino sólo tendrás ojos para ver.
Tristemente el ratoncito corriendo se
fue porque no tenía nada que comer y así pasó la noche con su estomaguito
vació y con el deseo de unas cuantas hojitas verdes. A la mañana siguiente
nuevamente volvió a pasar donde estaba la jirafa y ésta se volvió a burlar del
pequeño e indefenso roedor que no alcanzaba la copa de un árbol muy alto. El
ratoncito le contestó: –algún día necesitarás de mi pequeñez- .La jirafa se
burló del ratoncito pues pensó que con su altura no necesitaría de alguien tan
pequeño. El ratoncito se marchó nuevamente pero este recogía las hojas que la
jirafa desperdiciaba y además buscaba maneras alternas para alimentarse.
Pero llegó el otoño y las hojas de la
copas de los árboles más altos comenzaron a caerse de todos los árboles que
rodeaban la sabana, ahora el ratoncito ya no pasaba por dónde estaba la jirafa
pensando que está se iba a burlar de él, sin embargo la jirafa estaba deseando
que alguien le ayudará a recolectar alimento pero nadie apareció; como tenía
mucha hambre y sed, recorrió varios kilómetros para buscar una laguna donde pudiese tomar un
poco de agua, llegó a un lago y justo en el momento que comenzó a tomar
agua un león comenzó a atacar a la
jirafa ya que estaba en una posición vulnerable al agacharse pues así era más
fácil que un depredador la atacará.
El ratoncito muy astuta mente se le
trepó al león y le comenzó a hacer cosquillas
para que dejara a la jirafa en paz y lo logró, la jirafa pudo
levantarse y entre ella y el ratón ahuyentaron al león (salvándola de ser
carnada del león).
La jirafa entendió la importancia de
que ambos animales tienen capacidades diferentes y que cuando unen fuerzas son
más grandes, desde entonces cada vez que tiene hojas verdes su árbol le
convida unas hojas al ratón, mientras éste cuando llega el otoño la acompaña a
la laguna.
He
aquí una vez más la muestra de que
todos nosotros, en determinados momentos de nuestras vidas necesitamos recibir
la ayuda de otras personas. Por más que no parezcan ser indispensables. Pues
una maravillosa energía proviene cuando
se ayuda a alguien.
Autores:
Clemente Aguilar Rosas
Manuel Sánchez Bravo
Elizabeth Velasco Morales
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