Deseo carnal
Antes de casarse con Zeus, Hera tenía una vida
insipiente, pues pasaba horas admirándose
en un espejo diciéndose soy la mujer más hermosa que haya existido, la
más hermosa de todos los tiempos, por lo que crecía más su ego, los dioses
vecinos hartos de su comportamiento decidieron terminar toda relación con la
soberbia.
Cierta noche en su gran aposento recibió una visita, una
visita inesperada, era Narciso quien había venido a buscarla con la curiosidad
de comprobar por el mismo las habilidades fogosas que se rumoraba poseía la
diosa.
-¿Quién se atreve a molestar a Hera?
-¿Soy Narciso y he venido a calmar tus deseos incesantes
de amor?
-Siendo así, te invito a pasar la noche aquí.
-Esta noche, será una velada llena de satisfacción.
Cuando el sol dejó de dormir, Narciso despertó
sigilosamente, se apartó del lado de Hera y abandonó los aposentos.
Al despertar Hera tenía en el rostro una impresión de
ilusión como si el mundo fuera a acabarse y del cielo hubiese bajado un ángel a
asegurarse que nada pasaría. Que todo estaría bien, que la cuidaría, que la
amaría por siempre.
Abrió sus ojos completamente y miró hacia ambos lados de
la cama, al no encontrar a su amado, loca de ansiedad comenzó a gritar:
-Narciso, ¿dónde estás amado mío?
¿Dónde te ocultas que no te encuentro?
Sin conseguir respuesta dentro de la casa, salió y
preguntó.
Los días pasaron y Hera continuaba su interminable
búsqueda, al quinto mes de esto una mañana mientras salía de su habitación y se
dirigía al baño como todos los días un fuerte dolor vino de su vientre y
congeló su cuerpo, sí, así era, la bella diosa estaba esperando un hijo, un
hijo nacido de aquella noche de amor. Por todo ello se encontraba tremendamente
preocupada, ahora más que nunca necesitaba saber el paradero de Narciso y, así,
se dispuso a buscar sin descanso hasta que un día se encontró con él, como un
niño que adora un juguete nuevo corrió hacia él, lo abrazó y lo besó, mientras
lo besaba lloraba de felicidad, Narciso extrañado la alejó de su lado y dijo:
-¿Qué haces? ¿Cómo te atreves a semejante osadía?
Narciso amado mío tendré un hijo tuyo.
-¿Qué has dicho? ¡Has perdido la cabeza!
-No es así, no miento, mira, puedes sentirlo.
-Te equivocas, no te acerques más a mí, soy perfección
hecho hombre, jamás podría quedarme atado a ti, no me mereces, aléjate, punto,
no quiero volverte a ver.
-Pero…
-Que te apartes he dicho.
Con el alma llena de dolor, Hera corrió y corrió, decidió
bajar a la tierra y junto a un hermoso lago donde el agua brillaba como un
diamante de la luz, juró a los dioses no volver a amar a ningún otro hombre
sobre la faz de la tierra y con una daga clavó su vientre, la sangre comenzó a
fluir por el agua y la luna a teñirse con un rojo escarlata tenebroso y
penetrante.
Dicen los que han visto que cada luna llena, exacto el
día del incidente, al acercarse al lago donde Hera mató a su vástago, el
reflejo en el agua comienza a formarse roja y la luna completamente redonda nos
representa el bien, puedes ver el bello rostro de una mujer llorando hacia el
cielo.
Bullying
Sabíase de sobra que
la solvencia moral del dios Zeus no era la mejor, por esto había en la isla de
Creta una extraña regla que ninguna mujer debía pasar por ahí pasadas las 9 de
la noche, no debía haber alma alguna fuera de su casa y tenían estrictamente
prohibido acercarse o hacer rondas al bosque de Cetalo mismo que se encontraban
a orillas de esta misma isla.
En una noche a una
granjera de nombre Mina, el tiempo le fue escaso para realizar sus actividades
por la tarde y tuvo que retrasarse una horas más, Mina terminó su trabajo por allá
de las 10 de la noche y un poco temerosa por violar la regla del tiempo, al
parecer no pensó tan rápido pues cuando se dio cuenta se encontraba demasiado
cerca de los bosques de Cetalo. Comenzó a caminar a prisa cuidando de no mirar
hacia atrás, pero dentro de los árboles una voz varonil empezó a llamarla
invitándola a yacer juntos, era Zeus transformado en una indefensa oca, Mina no
pudo resistirlo y sin pensarlo un par de veces se acercó y ocurrió la magia.
De aquel encuentro
resultó un barón quien llevó por nombre Tuamon y del cual al enterarse Hera
(esposa de Zeus) de su existencia se encargó por todos los medios de hacerle la
vida imposible al bastardo.
En la escuela los
instructores lo maltrataban, sus vecinos y compañeros lo llamaban bastardo y lo
golpeaban por esa simpleza.
Cierto día volvió a
casa con un brazo roto y la nariz casi desecha y completamente ensangrentado.
Harto de esto, Tuamon decidió tomar cartas en el asunto por lo que rodeó el
pequeño estadio donde recibía algunas clases, este lugar era de paja completamente seca a las que puso un poco
de aceite y cuando profesores y alumnos
se encontraban dentro les encendió fuego.
García Martínez Jesús Emmanuel
Suarez Asención Isabel
López Chávez Patricia
Anorexia
Un
día en el Olimpo se encontraba Afrodita, diosa del amor y la belleza, pensando
en las palabras que le había dicho, su esposo, Hefesto, dios del fuego, quien
le había reclamado que no tenía buena presentación física ante los demás
dioses, que estaba engordando y que se veía espantosa (aunque no era cierto).
Al
oír esto, Afrodita se enfadó demasiado con su esposo y fue a buscar a Ares,
dios de la guerra, y su amante oficial.
Ares le dijo que
no tomara en cuenta lo que le decía Hefesto, que ella era perfecta y que no
tenía nada fuera de lo normal. Afrodita al escuchar las palabras de su amante y
verdadero amor, se quedó tranquila por el momento.
Cuando
llegó a su hogar Hefesto enfadado y muy celoso, porque ya sabía lo que estaba
pasando con Afrodita y Ares, empezó a decirle que no quería a una mujer así,
que aparte de que le era infiel, se la pasaba comiendo y comiendo, era una
gorda horrorosa y que no tenía dignidad.
Así
que Afrodita decidió que dejaría de comer por 7 siglos para poder tener una
figura excepcional y para que Hefesto no le reclamara su descuido. Pasaron los
años y Afrodita perdió completamente su físico incomparable y nuca fue la
misma, Ares se preocupaba tanto por ella que decidió raptarla, pero fueron tan
poderosos sus deseos de Afrodita de adelgazar que sus huesos se volvieron muy
frágiles. Debido a eso nadie la podía tocar, temiendo que le fuera a pasar
algo.
Bullying
Zeus y Hera, reyes del Olimpo, concibieron a su
hijo Hefesto antes de casarse, en un rato de pasión. Desgraciadamente este hijo
nació feo, tenía los pies torcidos, sudorosos, además suscitaba la risa
incontenible de todos los inmortales cuando caminaba entre ellos.
Hera, avergonzada de que a pesar de toda su belleza
y esplendor hubiera dado vida a semejante criatura imperfecta, para evitar
burlas arrojó a su hijo al mar desde las alturas del Olimpo, de donde fue
recogido por Tetis, la diosa de las aguas.
El niño permaneció durante mucho tiempo escondido
bajo las aguas, pero los dotes de Hefesto eran tan grandes como su fealdad que
pasaba mucho tiempo fabricando objetos ingeniosos, pero a medida que iba
desarrollando fortaleza de cuerpo y mente, planeó una venganza astuta contra su
madre, quien al igual que todos le había hecho bullying es decir maltrato
psicológico, verbal y físico que provocaba en Hefesto una baja autoestima y
resentimiento.
Un día Hera recibió un regalo de su hijo ausente;
un lujoso trono de oro, bellamente trabajado y decorado.
Se sentó y quedó atrapada, pero solo Hefesto sabía cómo
liberarla.
Acudió el dios de la guerra, Ares, que era su
hermano, trató de levantarla con mucha fuerza pero no pudo. Dionisio, dios del
vino, tuvo más éxito; hizo que Hefesto se emborrachara y se lo llevó al Olimpo.
Hefesto se negó, al menos que Dionisio le concediera lo que le pidiera.
Tenía por deseó tener a la esposa más bella de las
diosas, Afrodita, diosa del amor, la belleza y fecundidad.
Desde entonces reino la paz entre Hera y su hijo,
además Zeus reconoció que no importaba el físico, pues como padre esperaba que
Hefesto fuera como él y no como realmente era. Así como Narciso representó la
hermosura también Hefesto se encargara de representar el dios de los artesanos
y el papel de pacificador, porque a pesar de lo que su mamá le hizo bullying,
él establece la paz cuando lo liberan del trono.
Autores:
Aguilar Rosas
Clemente.
Bravo Sánchez José Manuel.
Vela Morales Elizabeth
Bravo Sánchez José Manuel.
Vela Morales Elizabeth
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